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Sus residentes gozan de unas absolutas pautas de libertad personal y de planteamientos de tiempo, de acuerdo con lo que se exige a una persona responsable que se está labrando lo más importante de su vida: su futuro.
A los alumnos universitarios residentes se les considera como personas adultas y se elude cualquier tipo de trato paternalista.
Por el beneficio común se exige el estricto cumplimiento de las normas de régimen interno, para defender el derecho al estudio y a la convivencia.
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